Contamíname, mézclate conmigo

13 octubre, 2020

Chile con su loca geografía, ha permanecido lejana a las migraciones del siglo pasado. Nuestras barreras naturales: la Cordillera de los Andes, el Océano Pacífico y el desierto más árido del mundo, nos mantuvieron lejanas a estos movimientos y sus complejidades.

Sólo pequeños ejercicios migratorios de europeos, asiáticos y otras nacionalidades llegaron a nuestro país y a Antofagasta, aportando al crecimiento y desarrollo de Chile. Hoy, con estas barreras minimizadas por la tecnología y la masividad en el uso de medios de transporte, estamos participando dentro de las migraciones masivas que ocurren en nuestro continente americano, debido al actual contexto político, social y sanitario.

La demora de siete años en el congreso de una Política Migratoria clara nos pasa la cuenta como país y evidencia la poca visión a largo plazo de nuestros políticos.

En efecto, la falta de lineamientos claros nos está llevando a actuar desde los prejuicios y mitos, a pesar que la evidencia científica nos demuestre lo contrario. El 20 de septiembre de este año, el Centro de Estudios Públicos (CEP) lanzó la segunda edición del libro “Inmigración en Chile, una mirada multidimensional”. Un extracto de este trabajo señala: “Los extranjeros participan poco en delitos y, más aún, su participación relativa ha venido cayendo en los últimos años”.

Con esta premisa, vale la pena entonces preguntarse por qué los responsabilizamos cada vez que ocurre un ilícito y la razón por la que los medios de comunicación exacerban esta creencia, en lugar de potenciar la riqueza multicultural que significa convivir con ciudadanos que nacieron en otros países.

Actualmente, las noticias informan que buses con extranjeros ingresan al norte de Chile, por pasos no habilitados y que en la Región de Antofagasta existen más de 100. Dicho contenido alimenta los prejuicios arraigados, mientras los políticos vuelven a actuar reactivamente, discutiendo la Política Migratoria que debería ser el marco regulatorio para este caso.

Bajo mi perspectiva y experiencia, trabajar con inmigrantes es sinónimo de maravillarse día a día con la multiculturalidad que se vive entre nosotras y nosotros en Antofagasta. Esto, sin lugar a dudas, nos permite crecer, ampliar la mirada, conversar de ritos, costumbres, lenguajes e historias; bailar ritmos diferentes y probar sabores distintos.

Me adscribo totalmente a la letra de la canción escrita por Pedro Guerra e interpretada por Ana Belén en los años 90: “Contamíname, mézclate conmigo. Que bajo mi rama, tendrás abrigo”.

 

Alejandra Arévalo Allende

Vicerrectora Universidad Pedro de Valdivia Sede Antofagasta