Desde el punto clave: la crisis en Medio Oriente

4 octubre, 2019

Ver columna en La Tercera

Esta columna fue escrita junto a  Karen Marón (Corresponsal en Medio Oriente y África) desde Maroun Al Ras. Líbano (Frontera con Israel).

Septiembre fue turbulento en Líbano. Desde allí recibí la llamada de la prestigiosa corresponsal de Guerra Karen Marón, que viajaba a la región y con quien hemos trabajado en artículos y seminarios sobre el Medio Oriente, contándome que se dirigía a Maroun Al Ras al sur del país. Me pareció que sería interesante para mis lectores poder hacer un artículo en conjunto, de allí nace lo que leerán a continuación.

A fines de agosto dos drones israelíes colapsaron al sur de Beirut. Al aproximarse las elecciones en Israel se repitió la historia de avivar vientos de guerra que favorecen a los candidatos y asegurar una victoria política local que no se produjo.

Septiembre fue turbulento en Líbano. Desde allí recibí la llamada de la prestigiosa corresponsal de Guerra Karen Marón, que viajaba a la región y con quien hemos trabajado en artículos y seminarios sobre el Medio Oriente, contándome que se dirigía a Maroun Al Ras al sur del país. Me pareció que sería interesante para mis lectores poder hacer un artículo en conjunto, de allí nace lo que leerán a continuación.

A fines de agosto dos drones israelíes colapsaron al sur de Beirut. Al aproximarse las elecciones en Israel se repitió la historia de avivar vientos de guerra que favorecen a los candidatos y asegurar una victoria política local que no se produjo.

Maroun Al Ras en la visión del mundo

Calma. Silencio. Cientos de ojos ocultos que observan desde el otro lado de la línea divisoria con la tecnología más avanzada. Ni un movimiento se advierte detrás de la frontera invisible. Un endeble borde delimitado por una carretera terrosa entre Líbano e Israel, un frágil límite entre las localidades de Maroun Al Ras y Avivim, que puede producir otra contienda fatal.

Ambos constituyen los enclaves estratégicos donde se puede iniciar un nuevo enfrentamiento que recuerda a la feroz batalla de Maroun Al Ras, la localidad que es bastión de las milicias del Hezbolá, en la guerra de 2006.

Por eso el mundo observa con mirada atenta este terreno cuando hace sólo unos días Hezbolá destruyó uno de los vehículos blindados más emblemáticos israelíes, el Hateho Wolf, resistente a las minas y explosivos y capaz de transportar a 12 personas con sus equipos militares, causando heridos entre los militares del convoy y la baja de un alto comandante israelí, aunque el ejército niega que causara muertos o heridos en sus filas.

Sin embargo, los misiles antitanque Kornet 9M133 de origen ruso de la Resistencia chiita, un partido político con representación parlamentaria, ministros, funcionarios en altos cargos y parte de la coalición que conforma el gobierno con el Presidente de Líbano, el General Michel Aoun, penetraron en el vehículo como hicieron con los tanques Merkava hace trece años.

El ataque se produjo en respuesta anunciada a una ofensiva donde Israel mató a dos combatientes del Partido de Dios en Siria y violó nuevamente el espacio aéreo libanés con aviones no tripulados.

Los dos drones , uno de ellos con carga explosiva tipo C4 con 5,5 kilos y que estalló en el centro de prensa del movimiento chiita donde estaba acreditada Karen Marón como corresponsal, estaban dirigidos contra el bastión del grupo en el sur de Beirut.

Estas violaciones infringen la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas prevista para resolver el conflicto de 2006 entre Israel y Líbano y al Derecho Internacional cuando se vulnera el territorio soberano de un país.

Naciones Unidas denunció y condenó las violaciones diarias de Israel al espacio aéreo del Líbano y reclamó el “cese inmediato” de esos vuelos, registrándose 550 violaciones aéreas, totalizando 2057 horas de sobrevuelo, donde 481 o el 87 % fueron realizadas mediante vehículos aéreos no tripulados o drones y en el resto estuvieron involucrados aviones de combate u otros no identificados.

Desde la colina

Desde el Parque Irán, un espacio de recreación construido en la colina de la aldea libanesa de Maroun Al Ras, donde se observa con claridad inusitada cada detalle de la frontera y la colonia israelí,o moshav, del otro lado de la línea.

A la izquierda se observa una base militar libanesa asentada sobre una torre y a unos metros hacia la derecha, una franja de tierra quemada con el letal Fósforo Blanco utilizado por Israel, conocido como el nuevo NAPALM, el tristemente célebre Agente Naranja, utilizado por los estadounidenses en Vietnam contra los civiles y fabricado por la empresa Monsanto, entre otras, que no está prohibida contra objetivo militares por ningún tratado internacional y se contempla el uso en perímetros donde no haya civiles y no contra ellos.

Tras la carretera y más allá, la base castrense israelí aparentemente abandonada y Avivim donde no se visualiza movimiento alguno.

Avivim se encuentra en el extremo norte de Israel, en la Alta Galilea, a menos de un kilómetro de la Línea Azul con Líbano y asentada en tierras de la aldea chiita de Saliha , una localidad palestina que fue escenario de una masacre por las fuerzas israelíes y luego despoblada de sus residentes.

El camino desde Beirut tuvo dos controles militares del Ejército de Líbano, donde se verificó la identidad de los ocupantes del vehículo y denotó un crecimiento en el entrenamiento profesional en la última década.

Las calles a través de las montañas y los pequeños pueblos se expresan visualmente como siempre: verdes y flameantes banderas del Movimiento Amal (Esperanza) y el rostro de su líder, Nabih Berri, el Presidente del Parlamento libanés desde 1982. En oposición y contraste los estandartes del Hezbollah con su característicos color amarillo, el rostro de su líder el Sayyed Hassan Nasrala y las gigantes imágenes de los jóvenes y adultos a los que consideran mártires de las guerras luchadas contra Israel desde la creación de Hezbollah en 1985.

A la derecha se observa la demarcación de la “Línea Azul” o “Blue Line” entre el Líbano e Israel, establecida por las Naciones Unidas el 7 de junio de 2000. Equivale a la Línea Verde que en 1949 se convirtió en la línea del alto el fuego a razón del establecimiento del nuevo estado israelí en 1948.

Pero la sustitución de la actual valla de alambre es reemplazada por un nuevo muro de hormigón construido por Israel, constituyendo otro punto de fricción entre los dos países. Es así como en los extensos cultivos de la zona eminentemente agrícola, se observa a hombres trabajando la tierra de la zona fronteriza con el marco a sus espaldas del gris del hormigón del muro.

Un denominado “obstáculo” por los israelíes antes que “muro”. Porque la barrera puede adoptar la forma de valla electrónica con tecnología muy avanzada en algunos tramos, como la que Israel ya construyó a partir de 2003 en Jerusalén Este y Cisjordania o la que ha levantado en su frontera con el Sinaí.

El nuevo muro sin culminar fue reprobado por las autoridades de Beirut que sostienen que la Línea Azul no se superpone exactamente sobre la frontera y que hay zonas libanesas que han quedado del lado israelí. Esta nueva construcción dio origen a acciones regionales e internacionales para evitar su construcción que claramente no llega a la colina a la que se accedió.

El epicentro de la legendaria batalla de Maroun Al Ras

Maroun al-Ras es un pueblo libanés ubicado en el Monte Amel en el distrito de Bint Jbeil en la gobernación de Nabatiye. Se encuentra a unos 120 kilómetros al sureste de Beirut y está ubicado en una colina más alta que Yarun.

Estratégicamente situado en la cima de altas colinas, con viñedos y tierras de cultivo se han encontrado ornamentaciones medievales y piezas con inscripciones griegas.

Pero Maroun al-Ras es determinante en una confrontación bélica ya que pasa por alto las ciudades circundantes y su elevación es de 911 metros. Este fue el escenario donde Marón fue testigo en 2006 de un gran enfrentamiento entre el ejército israelí y los combatientes de Hezbolá durante la Guerra del Líbano de ese año y a la que se denominó la Batalla de Maroun Al Ras.

Es aquí donde ahora se espera, de este lado de la frontera, los acontecimientos por venir con total expectación. “Al tener un vecino tan agresivo tenemos que estar preparados y esperar a que nos ataquen o que realicen cualquier violación a las Resoluciones de Naciones Unidas” explica el Ingeniero Adnen Alawei, presidente de la Municipalidad que agrupa a cuatro alcaldías con una población de 15 mil personas y cientos de emigrados a países como Alemania, Australia y Canadá.

“Los vehículos cruzan la frontera sin importar las Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL), ni el Ejército libanés. También sus drones violan el espacio aéreo y eso se clasifica como agresión” remarca Alawie de 50 años, nacido en estas tierras y con padres que se han trasladado a la capital libanesa hace 5 décadas, cuando se inició el proceso de expulsión y desplazamiento forzoso de la región por parte de Israel.

Alawie, Director técnico de una importante empresa de elevadores, explica que cuando atacan el municipio, la población civil no puede refugiarse en bunkers y corren hacia Beirut u otras regiones como una reacción espontánea. “Pero esta vez, no sucedió porque la gente estaba tranquila cuando Hezbolá dijo que iba a responder a una nueva agresión israelí.”

“Este es un tiempo de espera” manifiesta Alawie con total serenidad adquirida con la experiencia de los años de conflicto. “Ellos desparecieron (refiriéndose a los israelíes) dejando el cuartel militar y la población. Sólo los días venideros darán la respuesta” afirmó. Y sólo los días venideros, efectivamente, darán la respuesta.